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Ecos de una historia que desaparece: la crianza como espejo y traducción.

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Aug 10
  • 4 min read


Hay sensaciones que se intensifican al tener un hijo. Una de las más poderosas es la de llevar dentro fragmentos de historias, gestos y voces que no sabías que tenías, hasta que los ves reaparecer —a veces exactos, a veces transformados— en la crianza.

La paternidad consciente abre una grieta en el tiempo: de un lado, tu presente como adulto; del otro, tu infancia, que vuelve no como recuerdo pasivo, sino como materia viva que influye en lo que transmitís.



1. Herencia invisible: la memoria colectiva en la familia


Cada padre o madre es portador de una memoria colectiva doméstica: canciones de cuna, palabras de consuelo, gestos al servir la comida, maneras de recibir a un invitado. La psicología cultural (Cole, Rogoff) subraya que estas prácticas se transmiten tanto por imitación como por el contexto emocional que las envuelve.


En la crianza, esa herencia se activa casi sin darnos cuenta. Pero lo interesante es que, al mismo tiempo que transmitimos, podemos revisar. Preguntarnos: ¿quiero conservar esto tal cual? ¿Quiero reformularlo? ¿Quiero dejarlo ir?


La neurociencia de la memoria (Damasio, Immordino-Yang) muestra que cada vez que evocamos un recuerdo para aplicarlo, lo modificamos levemente. Criar, entonces, es un laboratorio constante de reescritura de la herencia.



2. Nostalgia filogenética en miniatura


La psicología evolutiva nos recuerda que criar es, en parte, preservar la continuidad del grupo. Esto explica por qué, al convertirnos en padres, ciertos cambios culturales se sienten más intensamente: ya no nos afectan solo como individuos, sino como guardianes de un territorio simbólico para alguien más.


De repente, notamos que en la calle ya no se escuchan ciertos cantos, que las rondas de juegos de nuestra infancia no están en la plaza, que algunas comidas “de siempre” ya casi no se cocinan. Y esa desaparición, que antes podíamos mirar con distancia, ahora se vive como una micropérdida para nuestros hijos.



3. La narrativa como espejo doble


Bruner decía que la identidad se construye narrativamente. La paternidad consciente multiplica esa construcción: contamos historias a nuestros hijos y, sin querer, nos contamos a nosotros mismos otra versión de nuestra biografía.


Es común que, al explicar algo —cómo aprendimos a andar en bicicleta, cómo enfrentamos un miedo, cómo nos trataban en la escuela— aparezca una versión más honesta o más matizada que la que teníamos guardada.


Criar implica recontar tu vida desde un nuevo punto de vista: no el del protagonista, sino el del testigo que quiere dejar algo útil. Esa narración, a la vez, reordena tu propio sentido de quién sos.



4. La memoria corporal en la crianza


El cuerpo guarda un archivo de tu infancia: cómo te acunaban, cómo te sostenían de la mano, cómo te ayudaban a abrochar un abrigo. En la crianza, esos movimientos vuelven sin pasar por el pensamiento.


A veces, al hacerlos, sentís un eco corporal: “Así me sostenía mi viejo”. O, al contrario, notás que estás eligiendo conscientemente otra forma, porque aquella no te gustaba o no te hacía sentir seguro.


Merleau-Ponty diría que el cuerpo es memoria viviente. Y en la crianza, esa memoria no solo se expresa: también se evalúa y, si es necesario, se reprograma.



5. El fondo existencial y el bucle del tiempo


Criar también te enfrenta a la conciencia de que la historia no es lineal, sino circular. Lo que recibiste —bueno o malo— vuelve a ti con la posibilidad de ser transformado antes de pasar a la siguiente generación.


Heidegger hablaba de ser-para-la-muerte; el budismo, de interdependencia. Ambas perspectivas encajan en la experiencia de la paternidad consciente: entender que sos un eslabón en una cadena de vidas, que la tuya no empieza ni termina en vos.


Y ahí aparece la paradoja: justo cuando más disfrutás el presente —ver crecer, aprender y reír a tu hijo— te descubrís como el eco de una explosión que ya no existe. El eco de tu propia infancia, de la infancia de tus padres, y de las infancias que la cultura va dejando atrás.



Entre ciencia, filosofía y poesía



La neurociencia ofrece esperanza: la plasticidad cerebral permite que, al criar, podamos reforzar patrones saludables y debilitar los que no queremos perpetuar. La psicología del apego (Bowlby, Siegel) confirma que una relación segura en el presente puede reparar heridas antiguas.


La filosofía nos recuerda que criar no es moldear, sino acompañar el despliegue de un ser único. Y la literatura nos da metáforas para sostener ese proceso: desde la magdalena de Proust hasta el Árbol generoso de Shel Silverstein, todas nos hablan de transmisión, pérdida y reinvención.

Criar, así entendido, es escuchar los ecos y decidir qué música nueva vamos a componer con ellos

.


📌 Cierre


La paternidad consciente no borra lo que pasó en la propia infancia. Al contrario: lo ilumina desde un ángulo nuevo. Te obliga a recorrer tu biografía en dos direcciones: hacia atrás, para entender de dónde vienen tus gestos y tus palabras; y hacia adelante, para decidir cuáles valen la pena dejar como legado.


Porque criar es, al fin y al cabo, construir un puente entre dos historias: la que te hizo y la que estás ayudando a escribir.


 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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