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Sísifo, Kobe y la neurociencia del eterno regreso

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Aug 11, 2025
  • 3 min read





En la llanura infinita del inframundo, Sísifo empujaba su roca.

No había relojes, ni estaciones, ni espectadores. Solo el sonido seco de la piedra golpeando contra la base de la montaña, una y otra vez.


Camus había dicho: “Hay que imaginar a Sísifo feliz”. La frase se repetía como un mantra que no calmaba del todo. Porque aceptar el absurdo es un alivio, sí… pero no siempre alcanza para darle sentido.



Encuentro en la llanura



Ese día, la roca no era gris. Era naranja, con líneas negras que dibujaban secciones perfectas.


—Linda esfera —dijo una voz grave.


Sísifo levantó la mirada. Frente a él, un hombre vestido de púrpura y dorado, con el número 24 en la espalda. Lo sostenía con naturalidad, como si incluso allí existiera una cancha invisible.


—Soy Kobe —dijo el recién llegado—. Algunos me llaman la Black Mamba.



Mentalidad de crecimiento y cambio interno



Kobe botó la pelota tres veces. Cada golpe contra el suelo tenía una cadencia hipnótica.

—No se trata de empujar una y otra vez. Se trata de cambiar dentro de la repetición. Eso es growth mindset: creer que cada intento es una oportunidad para mejorar.


Carol Dweck, psicóloga de Stanford, lo había demostrado: las personas que creen que la inteligencia y las habilidades pueden desarrollarse tienden a perseverar más y aprender mejor. La neurociencia lo respalda: la plasticidad sináptica permite que cada práctica ajuste y fortalezca las conexiones neuronales, siempre que haya atención deliberada.


Sísifo frunció el ceño.

—Aquí nada cambia. Empujo, la roca cae. Empujo, la roca cae.


Kobe lo miró con una media sonrisa.

—Todo cambia, si vos cambiás.



La repetición como laboratorio



En el deporte de élite, la repetición es laboratorio: el tiro libre, practicado mil veces, nunca es idéntico. La ligera variación en la postura, la respiración, la tensión en los dedos… todo se registra. El cerebro ajusta milimétricamente los circuitos motores y sensoriales.


Kobe habló como si leyera la mente de Sísifo:

—Yo no entrenaba para que la pelota entrara una vez. Entrenaba para que entrara bajo cualquier presión, cualquier fatiga, cualquier marcador. Por eso cada repetición importa.



La resignificación de la roca



Sísifo volvió a empujar. Esta vez, mientras subía, intentó cambiar su respiración: tres pasos inhalando, dos exhalando. Se fijó en la presión de sus pies contra el suelo. Observó el temblor de sus brazos, no como señal de debilidad, sino como dato.


Camus lo había imaginado feliz. Kobe lo estaba invitando a imaginarse mejor.



La Mamba Mentality como mito moderno



La Mamba Mentality es, en esencia, un relato: un personaje —Black Mamba— que encarna la precisión letal y el trabajo incansable. En términos narrativos, es un mito de superación personal, igual que Sísifo es un mito del absurdo. La diferencia está en la dirección del relato: uno parte de la imposición de los dioses, el otro de la autoimposición del guerrero.


—No empujes por empujar —dijo Kobe—. Empujá como si fuera la final del campeonato.



Conclusión: el eterno regreso como entrenamiento



En la cima, la roca volvió a rodar cuesta abajo.

Pero Sísifo no la siguió con resignación.

La persiguió botando la pelota invisible, marcando el ritmo de sus pasos, ajustando cada movimiento.


En la neurociencia, esto se llama práctica deliberada: repetir no para cumplir, sino para perfeccionar.

En filosofía, es transformar el castigo en camino.

En deporte, es confiar en que el entrenamiento, incluso en la soledad, prepara para el momento decisivo.


En el inframundo no había victoria final.

Pero había juego.

Y juego, cuando se hace con intención, puede ser una forma de trascendencia.




 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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