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Privilegio epistémico, invalidación emocional, retórica romántica y conflicto político-afectivo en torno a la crisis venezolana

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Jan 8
  • 5 min read




Introducción



La expresión safe European home —utilizada aquí únicamente como metáfora— designa una posición estructural desde la cual se produce discurso político sin exposición directa a sus consecuencias materiales. No refiere a un territorio geográfico específico sino a una condición de seguridad ontológica: estabilidad institucional, previsibilidad económica, acceso a derechos básicos y baja amenaza cotidiana a la integridad física.


Este artículo analiza el conflicto recurrente entre personas venezolanas afectadas por la crisis sociopolítica bajo el gobierno de Nicolás Maduro y ciertos sectores del socialismo del primer mundo y de la izquierda cultural latinoamericana que, desde marcos ideológicos abstractos o narrativas románticas, relativizan, justifican o reinterpretan dicha situación.


Se propone que el núcleo del enfrentamiento no es meramente ideológico, sino afectivo, epistémico y clínico: una colisión entre experiencia vivida de daño y discursos producidos desde posiciones de bajo riesgo o desde tradiciones simbólicas que priorizan la épica política por sobre el sufrimiento concreto.


El eje conceptual articula cuatro niveles:


  1. Privilegio epistémico.

  2. Invalidación emocional.

  3. Asimetría de riesgo.

  4. Romanticismo político-retórico.



Pero esta discusión no ocurre en abstracto: ocurre sobre un cuarto de siglo de empobrecimiento, deterioro de la salud pública, migración masiva y violencia estructural.





1. Posición estructural y producción de discurso político



Desde la epistemología social crítica (Fricker, 2007; Medina, 2013), el conocimiento no es neutral: se produce desde posiciones situadas, atravesadas por relaciones de poder. Quien ocupa un lugar de seguridad material y simbólica dispone de mayor margen para conceptualizar fenómenos políticos en términos abstractos, sin experimentar de forma directa sus consecuencias.


Esto configura un privilegio epistémico por seguridad: la capacidad de formular marcos interpretativos sin asumir los costos corporales de aquello que se defiende. En contextos de crisis humanitaria, dicho privilegio no es solo cognitivo, sino moral: quienes narran la situación no arriesgan la vida cotidiana en función de esa narrativa.


En el caso venezolano, numerosos discursos externos priorizan categorías macroestructurales —imperialismo, geopolítica, soberanía— que, aun siendo relevantes, tienden a desplazar el núcleo experiencial: la vivencia cotidiana de deterioro, pérdida y amenaza sostenida durante más de dos décadas.





2. La experiencia venezolana como experiencia de amenaza crónica (con datos)



Desde la psicología del trauma y la neurociencia afectiva (van der Kolk, 2014; Porges, 2011), la exposición prolongada a condiciones de escasez, violencia estructural, colapso institucional y migración forzada configura estados de estrés crónico con efectos neurofisiológicos, cognitivos y relacionales.


La crisis venezolana no fue episódica: fue prolongada y acumulativa.



Indicadores materiales (1999–2024)



  • Pobreza: según la ENCOVI (Encuesta Nacional de Condiciones de Vida), la pobreza por ingresos superó el 90% de los hogares entre 2018 y 2021, con niveles de pobreza extrema por encima del 60–70% en los años más críticos.

  • Hipertinflación: Venezuela atravesó uno de los procesos hiperinflacionarios más prolongados de la historia reciente, con tasas superiores al 1.000.000% anual en 2018 (BCV, FMI).

  • Salud: informes de la OPS y Médicos por la Salud documentaron:


    • escasez de medicamentos esenciales por encima del 70–80%,

    • colapso hospitalario, cortes eléctricos, falta de insumos quirúrgicos,

    • aumento de mortalidad evitable por enfermedades crónicas y neonatales.


  • Nutrición: estudios de Caritas y ENCOVI registraron:


    • pérdida de peso involuntaria en adultos,

    • incremento de desnutrición infantil en zonas populares,

    • inseguridad alimentaria severa en amplios sectores urbanos y rurales.


  • Migración forzada: más de 7,7 millones de venezolanos abandonaron el país desde 2015 (ACNUR/OIM), configurando uno de los mayores éxodos no bélicos del mundo.

  • Violencia y tortura: informes de la ONU (2020, 2022) y Human Rights Watch documentaron:


    • detenciones arbitrarias,

    • torturas, tratos crueles y degradantes,

    • persecución política sistemática por organismos de seguridad.





Traducción clínica



Esto no constituye una “opinión política”, sino una experiencia corporal de vulnerabilidad estructural durante 25 años. En términos clínicos: una condición de amenaza sostenida, con impacto en:


  • memoria emocional,

  • percepción del futuro,

  • regulación del estrés,

  • vínculos familiares,

  • identidad personal y colectiva.



No se trata solo de pobreza: se trata de vidas organizadas alrededor de la escasez, el miedo y la pérdida.





3. Invalidación emocional e injusticia testimonial



La invalidación emocional (Linehan, 1993; Koerner, 2012) refiere a procesos mediante los cuales la experiencia subjetiva es minimizada, reinterpretada o negada sin reconocimiento previo.


En el conflicto analizado, aparecen formulaciones como:


  • “No es tan grave como lo presentan los medios.”

  • “La causa principal es el bloqueo, no el gobierno.”

  • “Toda transformación social implica sacrificios.”



Aunque estas frases puedan inscribirse en un debate político legítimo, afectivamente suelen traducirse como:


  • desautorización del testimonio,

  • subordinación de la experiencia al marco ideológico,

  • borramiento del sufrimiento concreto.



Cuando estas interpretaciones se aplican a 25 años de empobrecimiento masivo, migración forzada, tortura documentada y colapso sanitario, la invalidación no es solo simbólica: se vive como negación existencial del daño.


Esto configura una injusticia testimonial (Fricker, 2007): quien habla desde la experiencia no es reconocido como fuente válida de conocimiento sobre su propia realidad.





4. Asimetría de riesgo y legitimidad del enojo



El enojo de muchas personas venezolanas no es reducible a polarización política. Responde a una asimetría estructural de riesgo:


  • Quienes interpretan o justifican el proceso desde contextos estables no arriesgan:


    • acceso a salud,

    • seguridad personal,

    • continuidad laboral,

    • redes familiares.


  • Quienes vivieron la crisis sí han pagado con:


    • pérdida de recursos básicos durante décadas,

    • duelo y desarraigo,

    • exilio forzado,

    • fragmentación identitaria,

    • exposición a violencia institucional y tortura documentada.




Desde la psicología contextual, el enojo es una respuesta adaptativa cuando la experiencia es negada o subordinada (Hayes et al., 2012). No expresa irracionalidad: expresa una demanda de reconocimiento existencial frente a un daño sostenido en el tiempo.





5. Retórica latinoamericana y romanticismo político: el problema Galeano–Che


Cuando la retórica épica convierte:


  • la pobreza crónica en “resistencia”,

  • la migración forzada en “consecuencia histórica”,

  • la tortura en “excesos del proceso”,



ocurre una operación ética crítica:

el sufrimiento deja de ser un límite moral y se transforma en materia narrativa.


Aplicado a 25 años de deterioro socioeconómico, millones de desplazados y violaciones sistemáticas de derechos humanos, este romanticismo político no solo estetiza el dolor: lo normaliza.





6. Validación emocional como condición ética del diálogo político



Desde la clínica del trauma y las terapias contextuales, la validación no implica acuerdo ideológico. Implica reconocer:


  • que el daño existió,

  • que fue masivo,

  • que fue prolongado,

  • que dejó marcas en cuerpos, vínculos y proyectos vitales.



Sin ese reconocimiento, el debate se vuelve una forma de colonización simbólica del sufrimiento.





7. Conclusión: política sin cuerpo, cuerpo sin voz



El conflicto en torno a Venezuela no se explica únicamente por diferencias ideológicas. Involucra una disputa más profunda: quién tiene derecho a definir el sentido de una experiencia traumática de 25 años.


Cuando el discurso:


  • ignora la asimetría de riesgo,

  • invalida la vivencia,

  • convierte la pobreza, la tortura y el exilio en épica narrativa,



no solo fracasa políticamente: fracasa humanamente.


Safe European Home nombra una advertencia:

no hay proyecto emancipador posible cuando el cuerpo del otro es reemplazado por un relato.





 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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