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Roughhousing

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Dec 14, 2025
  • 3 min read

Etología del juego corporal: aprender a vivir jugando a pelear



Si uno observa animales jóvenes en libertad, hay una escena que se repite con una regularidad casi aburrida.


Se persiguen.

Se empujan.

Se muerden sin morder.

Se caen.

Se levantan.

Vuelven.


No están practicando la caza en sentido estricto.

No están peleando por recursos.

No están defendiendo territorio.


Están jugando a pelear.


La etología lo tiene bien registrado:

rough-and-tumble play aparece en mamíferos sociales con sistemas nerviosos complejos y vida grupal prolongada.


No es un exceso.

Es una adaptación.





1. El juego como laboratorio evolutivo



Desde una mirada etológica, el juego corporal cumple una función clara:


permitir el ensayo de conductas de alto riesgo en condiciones de bajo costo.


Durante el juego:


  • se activan circuitos de ataque y defensa

  • se dispara la excitación fisiológica

  • se experimenta pérdida momentánea de control

  • se aprende a frenar



Todo sin consecuencias letales.


Es un laboratorio vivo donde el sistema nervioso calibra:


  • fuerza

  • velocidad

  • timing

  • lectura de señales

  • recuperación tras la caída



El cuerpo aprende antes que la mente.





2. Felinos, cánidos, primates: un patrón común



En felinos jóvenes:


  • la mordida se inhibe

  • las garras se retraen

  • el juego se interrumpe ante señales de dolor



En cánidos:


  • el rol dominante rota

  • hay pausas rituales

  • la persecución no termina en sometimiento real



En primates:


  • el contacto es intenso

  • hay caídas, empujones, forcejeos

  • el juego se reinicia una y otra vez



El patrón es siempre el mismo:


alta intensidad + alta regulación.


Cuando la regulación falla, el juego se corta.

Cuando el juego se corta, el aprendizaje se detiene.





3. ¿Por qué los adultos juegan con las crías?



Un dato clave: en muchas especies, los adultos participan activamente del roughhousing.


No para ganar.

No para imponerse.

Sino para modelar límites.


El adulto:


  • se deja alcanzar

  • exagera movimientos

  • inhibe la fuerza real

  • marca pausas



Desde la etología, esto no es “cariño”.

Es transmisión de habilidades vitales.


La cría aprende:


  • qué tan lejos puede ir

  • cómo leer microseñales

  • cuándo detenerse

  • cómo volver al juego



No se heredan solo genes.

Se heredan modos de usar el cuerpo.





4. Humanos: una especie que juega demasiado tiempo



Los humanos somos una especie extraña:


  • infancia prolongada

  • dependencia extendida

  • sistema nervioso plástico durante décadas



Eso explica por qué el roughhousing humano no desaparece rápido.

Al contrario: se vuelve cultural.


Donde otros animales dejan de jugar,

los humanos inventan:


  • luchas rituales

  • deportes de contacto

  • artes marciales

  • danzas guerreras

  • juegos simbólicos de combate



La cultura no elimina el juego.

Lo formaliza.





5. Roughhousing humano: etología doméstica



En humanos, el roughhousing ocurre en espacios cotidianos:

living, cama, patio, plaza.


Desde una mirada etnográfica-etológica, se observa lo mismo que en otras especies:


  • risas que regulan la intensidad

  • pausas espontáneas

  • miradas que chequean al otro

  • reanudación del juego



No hay instrucciones verbales.

Hay lectura corporal continua.


El adulto cumple el mismo rol que en otras especies:

no domina, sostiene el marco.





6. Agresión, juego y regulación



La etología es clara en algo que culturalmente nos cuesta aceptar:


la agresividad no es lo opuesto al vínculo.


Es una energía básica que necesita canales regulados.


Cuando el roughhousing desaparece:


  • la agresión no se va

  • pierde contexto

  • se vuelve desorganizada



Aparece como:


  • miedo difuso

  • rigidez corporal

  • hipervigilancia

  • explosiones desmedidas

  • evitación del contacto



El problema no es el impulso.

Es la falta de juego.





7. El cuerpo aprende lo que la palabra no puede



Desde la etología, el roughhousing no “enseña valores”.

Enseña competencias encarnadas.


Cómo caer.

Cómo frenar.

Cómo seguir.

Cómo no entrar en pánico.


Eso no se explica.

Se experimenta.


Por eso es tan resistente al reemplazo digital.

Por eso no se sustituye con discurso.

Por eso el cuerpo lo sigue buscando.





Cierre Coco (etológico)



Visto desde afuera, el roughhousing parece desorden.

Visto desde la evolución, es sabiduría corporal pura.


Una coreografía antigua donde la vida ensaya sus propios bordes.

Un juego donde se aprende a no destruir.

Una herencia que pasa de cuerpo en cuerpo.


Antes de la moral.

Antes de la cultura.

Antes de la palabra.


Primero, el juego.




 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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