Los dos motores: amor y miedo como combustibles neurocognitivos de la acción humana
- Marcelo Gallo
- Sep 10, 2025
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Introducción
La metáfora de los dos motores —uno que funciona a nafta (amor) y otro a GNC (miedo)— puede leerse como un paralelo entre la fisiología de la acción y la neurociencia cognitiva contemporánea. Así como un vehículo alterna entre combustibles con diferentes prestaciones, el cerebro humano alterna entre circuitos afectivos que priorizan la apertura social o la defensa inmediata. La carroza que tiran estos motores representa la vida en movimiento: nuestras acciones, elecciones y direcciones vitales.
El motor del miedo: un sesgo adaptativo
El miedo, lejos de ser una emoción “negativa”, constituye un motor esencial para la supervivencia. Su base neural principal se localiza en la amígdala, que evalúa rápidamente estímulos potencialmente amenazantes antes de que la corteza consciente los procese (LeDoux, 2014).
• Este procesamiento rápido activa al hipotálamo y al tronco cerebral, generando respuestas de lucha, huida o congelamiento.
• La ínsula anterior y la corteza cingulada integran la percepción corporal de esa amenaza, generando la experiencia consciente del miedo (Craig, 2009).
La neurociencia cognitiva contemporánea entiende este sesgo como un principio de “economía adaptativa”: es preferible un falso positivo (escapar de algo que no era peligroso) que un falso negativo (ignorar un peligro real).
El motor del amor: sistemas de apego y prosocialidad
El amor —en un sentido amplio que abarca apego, cuidado y cooperación— también tiene un correlato neurocognitivo.
• Se ha demostrado que la oxitocina y la vasopresina facilitan la confianza y los vínculos estables (Carter, 2014).
• Los circuitos de recompensa dopaminérgica (área tegmental ventral, núcleo accumbens) se activan no solo con estímulos placenteros, sino también con experiencias de conexión social (Inagaki & Eisenberger, 2016).
• La corteza prefrontal medial y el córtex cingulado anterior participan en la empatía y la regulación afectiva (Singer et al., 2004).
A diferencia del miedo, este motor es más “costoso” energéticamente, porque implica procesos cognitivos superiores, como la mentalización y la planificación. Pero justamente por eso provee dirección: nos orienta hacia valores, proyectos y vínculos de largo plazo.
La carroza: control ejecutivo y flexibilidad
El control del cambio entre estos motores depende en gran medida de la corteza prefrontal dorsolateral y su capacidad de modular la actividad de la amígdala (Ochsner et al., 2012).
• Aquí se ubican las llamadas funciones ejecutivas: inhibir respuestas impulsivas, sostener metas y regular la atención.
• En términos de neurociencia afectiva, este control no elimina el miedo, sino que ajusta su intensidad y facilita el acceso al motor del amor cuando el contexto lo permite.
Este proceso es lo que la terapia contextual denomina flexibilidad psicológica (Hayes et al., 2012): la capacidad de ajustar nuestra conducta en función de valores y no solo de reacciones automáticas.
El cambio de combustible: teoría polivagal y neuroplasticidad
El paso entre miedo y amor puede entenderse a la luz de la teoría polivagal (Porges, 2011), que describe cómo el nervio vago media el cambio entre estados defensivos (simpáticos o de congelamiento dorsal) y estados de apertura social (sistema vagal ventral).
• El entrenamiento en mindfulness, compasión y regulación emocional ha mostrado efectos consistentes en la neuroplasticidad de estas redes, fortaleciendo la capacidad de cambiar de un combustible a otro (Lutz, Jha, Dunne & Saron, 2015).
• Estudios de neurociencia contemplativa evidencian que prácticas de compasión aumentan la conectividad entre la corteza prefrontal y regiones límbicas, potenciando la regulación emocional (Klimecki et al., 2013).
Conducción consciente: el rol de la metacognición
La metáfora de la carroza se completa con la figura del cochero: la metacognición o el yo observador, que permite reconocer qué motor está activo en cada momento. Este reconocimiento no elimina el miedo ni garantiza amor permanente, pero ofrece flexibilidad cognitiva para conducir la carroza con mayor sabiduría.
En psicología contextual, esta capacidad se entiende como desfusión cognitiva (ACT) o atención plena (mindfulness). En neurociencia, se vincula con la activación de la red frontoparietal de control y la desactivación parcial de la red por defecto durante estados de observación consciente (Brewer et al., 2011).
Conclusión
El ser humano dispone de dos motores emocionales fundamentales: el miedo, rápido y defensivo; y el amor, expansivo y orientado a proyectos. Ambos son necesarios, pero el desafío contemporáneo es entrenar la flexibilidad que nos permita alternar entre ellos con conciencia, en lugar de quedar atrapados en uno solo.
La neurociencia cognitiva actual respalda esta visión: el arte de conducir la carroza de nuestra vida no consiste en apagar un motor, sino en aprender a cambiar de combustible con inteligencia y compasión.
Guion de exploración corporal: los dos motores
1. Preparación
Sentate cómodo, cerrá los ojos si querés, y llevá la atención al cuerpo. Sentí el contacto de los pies con el suelo y el peso del cuerpo en el asiento. Tomate un par de respiraciones profundas para llegar al momento presente.
2. Motor del miedo (GNC)
Llevá tu atención a cómo se siente el miedo en el cuerpo:
Sensaciones físicas comunes:
Tensión en la mandíbula y en los hombros.
Respiración más corta y entrecortada.
Estómago apretado o nudo en la panza.
Manos frías, transpiración o palpitaciones.
Frases típicas internas:
“No va a salir bien.”
“Me tengo que cuidar.”
“Mejor no arriesgarme.”
“Qué va a pasar si…?”
Expresiones faciales asociadas:
Cejas fruncidas.
Boca apretada o comisuras hacia abajo.
Mirada que se mueve rápido buscando señales de peligro.
Tomate unos segundos para reconocer si alguna de estas sensaciones o frases resuena con vos ahora mismo.
3. Motor del amor (Nafta)
Ahora llevá tu atención al motor del amor, al sistema de apertura y confianza:
Sensaciones físicas comunes:
Pecho abierto, calor en la zona del corazón.
Respiración más larga, fluida y profunda.
Cuerpo más liviano, sensación de expansión.
Relajación en los músculos de la cara y las manos.
Frases típicas internas:
“Estoy bien acá.”
“Confío en lo que viene.”
“Vale la pena intentarlo.”
“Quiero compartir esto.”
Expresiones faciales asociadas:
Sonrisa suave.
Ojos relajados, mirada sostenida.
Rostro abierto, relajado, con menos tensión.
Dejate estar unos segundos con esta sensación, notando cómo se diferencia en tu cuerpo y tu mente de la anterior.
4. Cierre
Respirá profundo. Reconocé que ambos motores son parte de vos: uno protege, el otro abre. El ejercicio no busca elegir uno y negar al otro, sino aprender a reconocer con qué combustible estás andando.
Podés cerrar repitiendo en silencio:
“Hoy elijo conducir mi carroza con conciencia.”
o algo parecido que te suene bien.
:)
Saludos!
Referencias
• Brewer, J. A., Worhunsky, P. D., Gray, J. R., Tang, Y. Y., Weber, J., & Kober, H. (2011). Meditation experience is associated with differences in default mode network activity and connectivity. PNAS, 108(50), 20254–20259.
• Carter, C. S. (2014). Oxytocin pathways and the evolution of human behavior. Annual Review of Psychology, 65, 17–39.
• Craig, A. D. (2009). How do you feel—now? The anterior insula and human awareness. Nature Reviews Neuroscience, 10(1), 59–70.
• Hayes, S. C., Strosahl, K., & Wilson, K. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change. Guilford Press.
• Inagaki, T. K., & Eisenberger, N. I. (2016). Giving support to others reduces sympathetic nervous system-related responses to stress. Psychophysiology, 53(4), 427–435.
• Klimecki, O. M., Leiberg, S., Lamm, C., & Singer, T. (2013). Functional neural plasticity and associated changes in positive affect after compassion training. Cerebral Cortex, 23(7), 1552–1561.
• LeDoux, J. (2014). Coming to terms with fear. PNAS, 111(8), 2871–2878.
• Lutz, A., Jha, A. P., Dunne, J. D., & Saron, C. D. (2015). Investigating the phenomenological matrix of mindfulness-related practices from a neurocognitive perspective. American Psychologist, 70(7), 632–658.
• Ochsner, K. N., Silvers, J. A., & Buhle, J. T. (2012). Functional imaging studies of emotion regulation: a synthetic review and evolving model of the cognitive control of emotion. Annals of the New York Academy of Sciences, 1251(1), E1–E24.
• Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation. Norton.
• Singer, T., Seymour, B., O’Doherty, J., Kaube, H., Dolan, R. J., & Frith, C. D. (2004). Empathy for pain involves the affective but not sensory components of pain. Science, 303(5661), 1157–1162.



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