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Latera y Latero dioses de la procrastinación, la fiesta y la siesta.

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Jul 29, 2025
  • 2 min read






En los tiempos antiguos, cuando el trabajo era aún una ofrenda a los dioses y la acción tenía valor sagrado, surgió una deidad menor cuya belleza superaba a todas las demás: Latera y Latero hijos del Aburrimiento y la Melodía Leve. No eran dioses del mal ni del caos. Eran mucho más sutiles: dioses de “mejor más tarde”, de “una más y me acuesto”, de “total, mañana empiezo”.


Latera y latero no pedían templos ni sacrificios. Se instalaban suavemente en la espalda, como una frazada tibia, y murmuraban sexy al oído promesas dulces:

—¿Para qué tanto esfuerzo? Mirá qué bien estás acá… sólo un rato más… esto se va a sentir muy bien… cerrá los ojos un poquito.. acá estás bien, yo te cuido.. descansá


Su culto era irresistible: fiestas espontáneas bajo la luna, maratones de cuentos, banquetes que nadie preparó pero todos disfrutaban. A su paso, los pueblos se llenaban de música suave, comida tibia, almohadas y excusas. Nadie peleaba, nadie trabajaba. Nadie terminaba nada.


Los estudiosos dejaron de estudiar. Los guerreros dejaron de entrenar. Los poetas se quedaban rascándose la panza, diciendo que ya escribirían mañana.


Y lo más inquietante: cada vez que alguien intentaba retomar sus responsabilidades, algo lo detenía. Un bostezo, una distracción, una conversación deliciosa sin rumbo. Y sin darse cuenta, caía rendido en los brazos de la diosa, entre redes tejidas con hilos de tiempo perdido.


Porque Latera y Latero , aunque divinos, tenían una forma oculta. Cuando su presa quedaba bien envuelta en descanso, placer y postergación, revelaban sus verdaderos cuerpos: el de enormes arañas doradas, cuyos hilos estaban hechos de intenciones no cumplidas, listas sin tachar, proyectos dormidos.


Y allí los digerían lentamente. No con ácido ni dolor, sino con el bálsamo del letargo. Porque a Latera y a Latero no les gusta matar: les gusta que te rindas solo.


Hoy, se dice que sus espíritus viven en los teléfonos, en los sillones mullidos, en los mensajes que dicen “jaja sí, después lo vemos”. Se aparecen con risas, con memes, con una playlist perfecta justo cuando ibas a ponerte serio.


Y aunque nadie les teme —porque son realmente encantadores- los sabios repiten una advertencia antigua:

“No aceptes su abrazo si tenés algo pendiente. Porque Latera y Latero no olvidan, y siempre vuelven a buscar lo que quedó a medio empezar.”



 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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