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Encontrar el ritmo interno

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Dec 20, 2025
  • 3 min read




Canción simple, objetos sonoros y la reparación de una voz que alguna vez se replegó



Revista Coco





Introducción



Hubo un tiempo en que cantar no era una habilidad, sino una condición humana.

Antes de los escenarios, antes del virtuosismo, antes de la vergüenza.

Se cantaba para trabajar, para dormir a los hijos, para acompañar el duelo, para sostener el pulso del grupo.


Muchas personas dejaron de cantar no porque no supieran, sino porque en algún momento dejó de ser seguro.


Este artículo no trata de música.

Trata de sistema nervioso, memoria corporal y reparación.

Y propone algo sencillo: que volver al ritmo —con la voz, con un instrumento mínimo, con otro cuerpo cerca— puede ser una forma profunda de volver a casa.





1. Cuando la voz se apaga por adaptación



Desde la neurociencia regulatoria sabemos que el sistema nervioso aprende rápido qué expresiones son seguras y cuáles no.

Si hablar, cantar o sonar implicó burla, castigo, indiferencia o exposición, el cuerpo no “olvida”: se adapta.


La voz se achica.

La respiración se vuelve alta.

La garganta se tensa.


No es timidez.

No es falta de talento.

Es memoria implícita.


Desde una lectura antropológica, esto puede entenderse como la adopción de una posición beta:

un modo relacional de menor visibilidad, menor sonoridad, menor ocupación del espacio, que muchas veces permitió pertenecer… pero a costa de silenciar algo propio.



Pregunta disparadora



👉 ¿Recordás algún momento en el que cantar, hablar o hacer ruido propio dejó de sentirse cómodo o seguro?

No busques explicaciones. Solo escenas.





2. Ritmo, repetición y seguridad: lo que el cuerpo reconoce



El sistema nervioso se regula cuando puede predecir.

Por eso la repetición calma.

Por eso las canciones simples sostienen.


Desde modelos contemporáneos de neurociencia (procesamiento predictivo), sabemos que la reducción de la incertidumbre disminuye la activación defensiva.

Pero las culturas lo sabían antes:

ritmos constantes, patrones simples, ciclos que vuelven.


La canción básica no busca sorprender.

Busca acompañar.



Ejercicio breve



Elegí un ritmo muy simple:


  • golpear suavemente con la mano

  • balancear el cuerpo

  • tocar una cuerda grave del instrumento



Sostenelo 30–60 segundos.

Observá qué pasa con la respiración sin corregir nada.





3. El instrumento como objeto regulador



Para muchas personas, cantar “solo con la voz” es demasiado.

Ahí entra el instrumento.


Un ukelele.

Dos acordes en una guitarra.

Una línea de bajo repetitiva.

Un tambor, una caja, una mesa.


Desde la neurociencia del apego sabemos que los objetos pueden funcionar como mediadores de seguridad cuando son predecibles, estables y no evaluativos.


El instrumento:


  • sostiene el ritmo

  • distribuye la atención

  • le da a la voz un apoyo



No es muleta.

Es andamiaje.



Pregunta disparadora



👉 ¿Qué objetos en tu vida te ayudaron alguna vez a sentirte acompañado sin palabras?

No tienen que ser musicales.





4. Voz, vibración y regulación autonómica



Cantar —aunque sea bajo, aunque sea imperfecto— implica:


  • exhalaciones más largas

  • vibración laríngea

  • activación del nervio vago ventral



Esto no es metáfora: es fisiología.


Por eso tararear calma.

Por eso cantar en grupo regula.

Por eso muchas tradiciones usaron canto antes que discurso.


La voz no expresa primero: regula primero.



Ejercicio sensible al trauma



Elegí una sola nota cómoda.

No la más grave ni la más aguda.

Sostenela 10–15 segundos.

Descansá.

Repetí si querés.


Si aparece incomodidad, bajá el volumen o volvés al instrumento solo.

La consigna no es exponerse: es sentirse a salvo mientras se suena.





5. Diversidad cultural, misma función



En distintas épocas y culturas:


  • monjes entonando cantos graves

  • mujeres moliendo grano con canciones rítmicas

  • pueblos originarios marcando pulso con percusión

  • trabajadores sincronizando esfuerzo con canto



Cambian los sonidos.

Cambian los cuerpos.

La función es la misma: regular juntos.


La tapa de este número no muestra “artistas”.

Muestra personas.

De distintos géneros, edades, culturas, momentos históricos, haciendo lo mismo:

buscar el ritmo interno con ayuda externa.





6. Reparar no es volver atrás



Encontrar el ritmo interno no es recuperar una versión pasada de uno mismo.

Es crear una nueva experiencia, ahora con cuidado.


La reparación no ocurre cuando “sale bien”.

Ocurre cuando:


  • la voz tiembla y no pasa nada

  • el ritmo se corta y puede volver

  • el cuerpo aprende que ahora hay margen



Eso es neuroplasticidad relacional.



Pregunta final



👉 Si tu voz no tuviera que demostrar nada, ¿cómo sonaría hoy?


No respondas con palabras.

Probá con un sonido.





Cierre



El ritmo interno no se impone.

Se encuentra.

A veces con la voz.

A veces con un instrumento.

A veces con otro cuerpo cerca.


Cantar simple no es retroceder.

Es volver a una tecnología humana muy antigua:

regularse juntos, aunque sea por un rato.


Y a veces, eso alcanza para empezar a sanar.





 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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