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El valor del espacio vacío: pantallas, movimiento y crianza consciente

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Aug 16, 2025
  • 3 min read

Updated: Aug 22, 2025


Una escena que abre posibilidades


En el living de esta casa no hay mesa ratona, ni demasiados sillones, ni filas de sillas que obstaculicen. Lo que hay es un pasillo libre, pensado para que una niña pueda correr a toda velocidad desde un extremo hasta el trampolín, saltar, caer y volver a empezar. Frente a ella, proyectada en la pared, aparece Mario en plena secuencia de acción. El resultado es casi mágico: la pantalla y el cuerpo se sincronizan, como si la película se convirtiera en un cine 4D artesanal donde la niña no solo mira, sino que vive la historia con el cuerpo.


1. El pasillo como regalo invisible


Los adultos solemos pensar que criar es dar juguetes, ropa, educación. Pero a veces, lo más valioso que se puede ofrecer es un pasillo libre para correr. Ese vacío, esa ausencia de muebles, es en realidad un regalo invisible que se traduce en libertad, movimiento y salud.

  • No hay mesa ratona: lo que podría ser un obstáculo se transforma en pista.

  • No hay sillones extra: menos muebles, más confianza para explorar.

  • Unir ambientes: la conexión entre dos espacios amplifica el recorrido y convierte la casa en circuito de juego.

Ese pasillo es una especie de “escenario abierto”, donde cada día el niño puede ensayar movimientos, carreras y saltos, apropiándose del espacio de manera activa.


2. El cine como experiencia corporal


Mirar la película de Mario sentado en un sillón no es lo mismo que mirarla corriendo y saltando mientras el personaje atraviesa obstáculos. Aquí, la pantalla no impone pasividad: es un disparador de acción física.

Este recurso convierte lo audiovisual en un juego encarnado: el niño imita, crea, responde con su cuerpo a lo que ve. Y en esa imitación no solo se divierte, también:

  • Desarrolla coordinación motora.

  • Mejora la capacidad de reacción.

  • Vive emociones intensas en un marco seguro.

Podríamos decir que el pasillo vacío transforma la película en un parque temático casero.


3. Pantallas activas y neurociencia


Las investigaciones muestran que el movimiento no interrumpe la atención, sino que la potencia. Pesce et al. (2019) observaron que los niños que realizan actividad física ligera mientras aprenden muestran mejores resultados de memoria y autorregulación emocional.

Cuando un niño corre mientras mira a Mario esquivar obstáculos, su sistema nervioso integra estímulos visuales, auditivos y motores. Es, en esencia, una experiencia multisensorial parecida a los cines 4D, donde la butaca vibra o se mueve para acompañar la acción. La diferencia es que aquí el movimiento no viene impuesto: es el niño quien lo crea, desde su propio deseo.


4. El valor del vacío y la estética de la sombra


En Elogio de la Sombra, Tanizaki proponía que la belleza no está solo en lo que se agrega, sino en lo que se deja sin llenar. Aplicado a la crianza, significa que no hace falta un living repleto de muebles o adornos: lo que más nutre a un niño puede ser un pasillo despejado.

Ese vacío es funcional y estético: la casa no es solo un lugar para mostrar, sino un espacio vivo que se adapta al cuerpo del niño. Un lugar donde el movimiento es bienvenido y no un accidente que hay que contener.



5. Consejos para padres: cómo crear tu propio “cine 4D casero”


  1. Liberar el pasillo: quitar mesas bajas, sillones extra y sillas que no sean indispensables.

  2. Objetos simples y seguros: un trampolín bajo, una colchoneta o una pelota grande ya bastan para transformar la experiencia.

  3. Imitación creativa: invitar a los niños a “jugar la película con el cuerpo”: correr como Mario, saltar como Luigi, esquivar como Peach.

  4. Seguridad y límites claros: pisos antideslizantes, objetos frágiles guardados y explicar hasta dónde se puede correr o saltar.

  5. Participación compartida: los padres también pueden entrar en el juego, incluso con gestos simples, para reforzar la idea de que el movimiento y la imaginación son parte de la vida familiar.


6. Más allá del juego: lo que queda en la memoria


El niño recordará esa película de Mario no solo por las imágenes, sino porque la vivió con todo el cuerpo. Recordará la risa mientras corría, la sensación de volar un instante en el trampolín, el eco de sus pasos en el pasillo vacío.


Lo que se construye en esos momentos es algo más profundo que entretenimiento: es una memoria corporal de libertad, una asociación positiva entre pantallas y movimiento, entre hogar y juego, entre infancia y vitalidad.


📖 En conclusión: criar no siempre es agregar. A veces, el mejor acto de amor es quitar lo que sobra: la mesa ratona, el sillón extra, las sillas que nadie usa. Porque en ese vacío nace un pasillo de posibilidades, donde la infancia se expande, las pantallas se convierten en aventuras y la casa entera se vuelve un pequeño cine 4D donde el cuerpo y la imaginación van de la mano.



 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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