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El Silencio Bajo la Arena: El Topo, visto desde el Budismo

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Jul 14, 2025
  • 4 min read



“Cuando el discípulo está listo, aparece el maestro. Pero cuando el yo está listo, desaparecen los nombres.”




“El Topo es un western místico, una alegoría sangrienta, una película que sangra como un animal herido y canta como un chamán.” Así la describen muchos que la vieron, pero pocos se animan a interpretarla más allá de su brutalidad y su lirismo caótico. Alejandro Jodorowsky la filmó en 1970, en el desierto, con cuerpos que caen, monjes con deformidades, duelos, mutilaciones y ritos de iniciación que parecen salidos de un Evangelio herético.


Pero ¿qué pasaría si la miramos desde otro ángulo? ¿Y si el Topo no fuera un pistolero mesiánico en busca de iluminación, sino un monje zen que no quiere alcanzar nada? ¿Y si, en vez de vencer a sus maestros, los abrazara con reverencia? En otras palabras: ¿qué pasa si cruzamos El Topo con el budismo?





🧘‍♂️ “El Topo era Dios disfrazado de asesino”



La película arranca con esta imagen inolvidable: un hombre vestido de negro, a caballo, cabalgando por el desierto con su hijo desnudo a su lado. Le dice:


“Tienes siete años. Hoy te hice un hombre. Entierra tu foto y tu juguete.”


Ese gesto —enterrar la infancia— inaugura un viaje de muerte y transformación. En clave budista, diríamos que ahí comienza el proceso de desidentificación del yo condicionado: lo que creemos que somos debe morir para que algo más amplio pueda surgir. Pero en vez de hacerlo con ternura, lo hace con violencia. El Topo impone silencio y exige obediencia. En el budismo, esa muerte del ego ocurre con compasión y presencia: es la rendición, no la conquista.





🔥 Cuatro maestros, cuatro formas de matarse



En su viaje, el Topo se enfrenta a cuatro maestros, cada uno más enigmático y sabio que el anterior. Y los mata a todos. Pero no los derrota en duelos clásicos: cada uno muere de forma absurda, cruel o involuntaria. Como si la sabiduría no pudiera transmitirse en palabras, ni siquiera en sangre.


Uno vive rodeado de conejos, otro entierra su propia cabeza en la arena, otro dispara al azar sin mirar. Son koans visuales. Y sin embargo, el Topo —en lugar de meditar frente a ellos— los elimina.


“No era mejor que ellos. Solo era más rápido.”


Ahí está el corazón del malentendido. En una relectura budista, el Topo debería detenerse ante cada maestro y dejarse transformar por él. Porque, como dicen los textos zen:


“Cuando encuentres al Buda en el camino, mátalo. Pero no con balas: con silencio.”





🕳️ La caverna, el útero, el samsara



Después de matar a los maestros, el Topo sufre. Se entrega a una comunidad de deformes subterráneos, donde pasa años meditando, mudo, desnudo, cavando túneles. Esta parte, la más extraña y bella de la película, es también la más budista.


Ya no hay pistolas, ni duelos, ni gloria. Solo oscuridad, tierra, y el intento de abrir paso a la luz.


“He cavado durante tantos años… pero sigo en la sombra.”


Aquí aparece una noción budista clave: el sufrimiento como vehículo de comprensión, no como castigo. El túnel que cava no es hacia la superficie, sino hacia sí mismo. El samsara —el ciclo de nacimiento, sufrimiento y muerte— no se vence con fuerza, sino con compasión lúcida.





👤 El hijo regresa: el karma llama



El hijo del Topo, ahora adulto, regresa para rescatarlo. Pero ya no es un niño inocente: ahora es un monje cristiano fanático, que busca bautismos y redención a fuerza de fuego.


Esa escena resume la tragedia de un ego que buscó poder y terminó solo: lo que sembraste con violencia, vuelve con ideología.


El Topo, al final, vuelve a morir. Pero esta vez se inmola, como los monjes vietnamitas que se prendían fuego sin moverse. Es un acto de compasión. Un sacrificio sin ira.


“Mi cuerpo se quema, pero mi mente está en paz.”





🌌 Reescribiendo El Topo como camino del Bodhisattva



En el budismo mahayana, el Bodhisattva es aquel que renuncia al nirvana para quedarse ayudando a los demás a despertar. El Topo, en esta nueva lectura, podría haber sido eso: un hombre que atraviesa la violencia, pero no para redimirse él, sino para aprender a abrazar el dolor ajeno.


Si lo reescribimos como un monje budista, su viaje sería circular:


  1. Parte con su hijo, creyendo enseñar.

  2. Conoce a maestros, pero los escucha en silencio.

  3. Desaparece en la caverna, sin matar.

  4. Regresa con compasión, no con fuego.

  5. Transmite silencio, no doctrina.






📿 Frases del Buda que podrían haber estado en la película



  • “La vida es incierta; la muerte es segura. Por eso, camina con atención.”

  • “No hay enemigo fuera de ti.”

  • “Del sufrimiento surge la comprensión. De la comprensión, el amor.”

  • “Tú también arderás. La cuestión es: ¿para qué?”






🎥 Epílogo: Jodorowsky también es budista (aunque no lo diga)



En entrevistas, Jodorowsky dijo:


“No hay mensaje. El Topo no es una enseñanza. Es una herida.”


Pero esa herida es también un espejo. Y el espejo, en el zen, no refleja lo que uno es… sino lo que uno puede soltar.


Tal vez El Topo no necesita convertirse en monje para enseñarnos. Tal vez nosotros necesitamos verlo con otros ojos, y encontrar en esa locura salvaje la pregunta silenciosa que ya estaba ahí desde el principio:


“¿Quién era antes de tener nombre, arma y padre?”






 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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