
La historia de ponerle cara al problema: de los dioses al consultorio
- Marcelo Gallo
- Aug 7, 2025
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Updated: Aug 7, 2025
En psicoterapia, el concepto de externalización fue sistematizado en el marco de la Terapia Narrativa por Michael White y David Epston (White & Epston, 1990). Consiste en separar a la persona de “su problema”, evitando que la identidad de alguien quede reducida a un rasgo o síntoma. En lugar de “soy celoso” o “soy controlador”, se invita a decir: “hay algo en mí que se comporta así”.
Este mecanismo no es una invención moderna. Tiene raíces en cómo, históricamente, las culturas han proyectado fuerzas internas en figuras externas para poder pensarlas, narrarlas y enfrentarlas.
Grecia clásica: la ira, los celos o la venganza no eran defectos personales, sino acciones de dioses como Ares o Hera. Las tragedias de Eurípides o Esquilo muestran a humanos “poseídos” por deidades que expresan pasiones humanas extremas.
Tradición judeocristiana: la figura del Diablo ha funcionado como una externalización colectiva de los impulsos destructivos y la transgresión moral, sirviendo como advertencia, tentación y enemigo común (Pagels, 1995).
Budismo: Mara, el adversario del Buda, encarna las fuerzas de la ilusión, el miedo y el deseo que apartan de la liberación. En el Samyutta Nikaya, el Buda no combate a Mara destruyéndolo, sino reconociendo su presencia: “Te veo, Mara” (SN 4:4).
Estas figuras son mapas simbólicos de la experiencia humana. Al poner fuera lo que sentimos, nos dan un espacio para mirarlo sin fusión total, un paso esencial tanto en terapia como en autoconocimiento.
2. Del mito al sillón de terapia: el Rey Tritón como figura clínica
El cine y la literatura contemporáneos también ofrecen arquetipos útiles para externalizar emociones.
En La Sirenita (1989), el Rey Tritón representa al padre protector que, por miedo a que su hija sufra, reacciona con control y destrucción. Su intención es cuidar, pero su forma de actuar termina alejando a quien quiere proteger.
En terapia de pareja, este arquetipo sirve para trabajar casos en los que una persona reacciona con incomodidad, control o demanda de explicaciones cuando su pareja proyecta independencia (por ejemplo, salir sola, iniciar un proyecto, viajar).
Nombrar esa reacción como “el Rey Tritón” permite:
Separar la persona de la conducta (no es “vos sos controlador”, sino “aparece tu Rey Tritón”).
Bajar la reactividad emocional: un nombre compartido permite reconocer el patrón sin escalar la discusión.
Abrir espacio de cooperación: se pasa de un conflicto “yo contra vos” a “nosotros contra Tritón”.
Este procedimiento coincide con técnicas de defusión cognitiva de la Terapia de Aceptación y Compromiso (Hayes et al., 2012), donde se busca ver los pensamientos y emociones como eventos pasajeros, no como verdades absolutas.
3. El lugar de “la Sirenita”
En toda interacción, la externalización no solo es útil para quien expresa el control, sino también para quien lo recibe.
En el ejemplo, la “Sirenita” representa a la persona que quiere autonomía, pero que al percibir control puede reaccionar con enojo, ironía o distancia. Si logra entender que la reacción del otro no es un ataque personal, sino una manifestación del miedo (“el Tritón”), puede responder desde un lugar más compasivo y firme a la vez.
Esto se alinea con el concepto de mindful responding de la literatura sobre regulación emocional (Kabat-Zinn, 1990; Linehan, 2015): actuar con conciencia de las emociones propias y ajenas, evitando la escalada.
4. Ejemplos prácticos de intervención
En terapia de pareja, la secuencia podría ser:
Nombrar la figura: “Creo que acá apareció tu Rey Tritón”.
Identificar su intención: “Quiere protegerte, aunque a veces lastime”.
Reconocer sus señales: tensión física, pensamientos recurrentes, frases típicas.
Codificar una respuesta: crear frases o gestos clave para decir “no voy a pelear con Tritón, pero tampoco voy a dejar que nos maneje”.
Planificar el cuidado mutuo: acordar cómo calmarlo juntos.
En paralelo, la persona “Sirenita” puede:
Evitar interpretar el control como desamor.
Expresar sus límites sin atacar.
Usar el código acordado para mostrar que entiende el miedo, pero que la libertad también es parte del vínculo.
5. Ejercicios sugeridos
A continuación, algunos ejercicios adaptados de los modelos que combinan Terapia Narrativa, ACT, DBT y Mindfulness.
Para el Rey Tritón:
Ficha de personaje: describir cómo es, qué lo activa, qué cree que protege, y cómo calmarlo.
Tabla de señales: registrar signos corporales, pensamientos y conductas que anuncian su aparición.
Carta al Tritón: escribirle como si fuera una persona, agradeciendo su intención y marcando nuevos límites.
Para la Sirenita:
“No es contra mí”: completar frases que separen la intención del impacto (“Me sentí frustrada, pero entiendo que esto viene de su miedo a…”).
Desactivar la guerra: practicar frases alternativas que no alimenten la escalada.
Código secreto de paz: inventar una palabra, gesto o símbolo compartido para reconocer la situación y calmarla.
Carta a mi yo libre y compasiva: recordarse que se puede ser firme sin herir.
6. Por qué funciona
Externalizar un patrón reactivo tiene beneficios múltiples:
Reduce la fusión emocional (emotional fusion; Bowen, 1978).
Favorece la empatía recíproca: ambos pueden ver el patrón como un “tercero” que interfiere, no como una falla personal.
Crea lenguaje compartido: términos y figuras que condensan significados complejos.
Integra tradición y ciencia: conecta prácticas simbólicas ancestrales con técnicas de regulación emocional basadas en evidencia.
Como señala Jerome Bruner (1990), las narrativas no son meros adornos: son la forma más antigua de organizar la experiencia y generar sentido.
7. Consideraciones para terapeutas
No todas las parejas reaccionan igual: elegir una figura culturalmente significativa para ellos (puede ser un personaje de ficción, un animal o una metáfora distinta).
Verificar que el recurso no sea usado para minimizar la responsabilidad (“No soy yo, es Tritón” sin reflexión).
Complementar la externalización con entrenamiento en habilidades de comunicación, regulación emocional y compromiso con valores comunes.
Conclusión
Desde las epopeyas griegas hasta los dibujos animados, los seres humanos hemos externalizado nuestros miedos, deseos y reacciones para poder verlos y trabajarlos. El Rey Tritón, en este contexto, no es un capricho narrativo: es una herramienta clínica que nos recuerda que no somos nuestras reacciones, y que podemos aprender a calmarlas juntos.
En un mundo donde el lenguaje puede separar o unir, nombrar lo que nos duele con creatividad y compasión es un acto profundamente humano.
Referencias
Bowen, M. (1978). Family Therapy in Clinical Practice. Jason Aronson.
Bruner, J. (1990). Acts of Meaning. Harvard University Press.
Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change. Guilford Press.
Kabat-Zinn, J. (1990). Full Catastrophe Living. Delacorte.
Linehan, M. M. (2015). DBT Skills Training Manual (2nd ed.). Guilford Press.
Pagels, E. (1995). The Origin of Satan. Vintage.
White, M., & Epston, D. (1990). Narrative Means to Therapeutic Ends. Norton.
Samyutta Nikaya (SN 4:4). Pali Canon.

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