
El imperio amable: Roma como mito fundador Occidente + Ejercicio de escritura: "Mi linaje interior”
- Marcelo Gallo
- Jul 30, 2025
- 8 min read
“Los recuerdos imperiales se acomodan mejor cuando ya no hay imperio que cargar.”— Mary Beard, SPQR
I. Introducción: ¿por qué amamos a Roma?
En la imaginación colectiva de Europa y América, el Imperio Romano ocupa un lugar de privilegio: se lo recuerda con una mezcla de fascinación, admiración y hasta cariño. No genera la repulsión moral que provocan los horrores del nazismo, ni la ambivalencia colonial que pesa sobre el Imperio Británico. Roma, en cambio, parece haber alcanzado una especie de redención histórica. Su violencia se mitiga por la distancia temporal; su grandeza, por la influencia que aún proyecta sobre nuestras instituciones, lenguas y símbolos.
Este capítulo explora cómo se construyó este imaginario amable del Imperio Romano, qué función cumple en las narrativas de identidad europea y americana, y por qué, a diferencia de otros imperios, su recuerdo no carga con la culpa histórica, sino con una nostalgia estructural que define lo que hoy entendemos por “Occidente”.
II. Roma como origen común: la nostalgia del punto de partida
La idea de Roma como madre civilizadora no es nueva. Desde el Renacimiento europeo, pensadores y artistas buscaron en la antigüedad clásica una fuente de legitimidad cultural. El redescubrimiento del derecho romano, la arquitectura imperial y la lengua latina sirvió para estructurar no solo el saber, sino también la identidad política de los nuevos Estados.
A esto se sumó la apropiación del legado romano por parte de la Iglesia Católica —que a través del Papado se consideró heredera espiritual del Imperio— y más tarde por proyectos seculares, como el del Sacro Imperio Romano Germánico o la República Francesa. El historiador alemán Reinhart Koselleck analizó cómo estos conceptos pasados se reactivaban con nuevos sentidos políticos: Roma ya no era un hecho histórico, sino una idea útil para construir orden.
III. Tribalismo continental: una identidad blanca y compartida
En un continente marcado por guerras intestinas, lenguas múltiples y religiones fragmentadas, Roma funcionó como una especie de tótem común. Su relato unificador ofrecía una continuidad cultural —más simbólica que real— para pueblos que buscaban sentirse parte de un mismo linaje.
Este linaje, además, servía para diferenciarse de los “otros” exteriores: el mundo islámico, Asia, África. Edward Said, en Orientalismo, mostró cómo Europa se definió a sí misma construyendo la figura del Oriente como su opuesto: pasivo, sensual, despotizado. Roma, en este juego, operaba como la cuna racional de la civilización, el lugar donde nacieron la ley, la ciudadanía, el foro, el Senado.
En este sentido, la nostalgia por Roma es también una forma de tribalismo blanco: una narrativa compartida por europeos y descendientes de europeos que les permite reconocerse como parte de un “nosotros” civilizatorio.
IV. El imperialismo con buena prensa
A diferencia de imperios más recientes y documentados —como el colonialismo británico o el nazismo—, Roma goza de una especie de “amnistía moral”. Parte de esto se debe al paso del tiempo: no hay descendientes vivos de los pueblos conquistados que reclamen reparaciones. Tampoco hay archivos fotográficos, ni cámaras, ni juicios de Nuremberg.
Además, el relato romano fue estéticamente embellecido: los mármoles, los templos, las togas. El arte, el cine (de Ben-Hur a Gladiator), la literatura y la escuela hicieron su parte. Roma fue, en palabras de Svetlana Boym, una “nostalgia reflexiva”: no se llora por su desaparición, sino que se idealiza su orden, su autoridad, su sentido.
V. Roma en América: arquitectura de una república imperial
La fascinación con Roma no se limita a Europa. En Estados Unidos, la fundación del país fue deliberadamente modelada sobre la República Romana: los Padres Fundadores leyeron a Cicerón, adoptaron el modelo de Senado, diseñaron edificios con columnas corintias. El águila imperial romana es hoy símbolo nacional. Según Carl J. Richard, en The Founders and the Classics, esta adopción no fue solo estética, sino profundamente ideológica: los estadounidenses querían una república virtuosa, pero temían su corrupción, como había ocurrido en Roma.
En América Latina también se recurrió a Roma como símbolo de orden republicano durante las independencias. Pero, a diferencia del mundo anglosajón, aquí Roma convivía con otras referencias: indígenas, africanas, mestizas. Por eso el mito romano nunca se volvió tan homogéneo ni tan sagrado.
VI. Roma como frontera del mundo
En términos psicológicos y simbólicos, el Imperio Romano funciona como una frontera: lo que está dentro es civilización; lo que está fuera, barbarie. Esta lógica, profundamente instalada en el inconsciente colectivo occidental, ayuda a explicar por qué Roma es usada para establecer límites. Es el “nosotros” contra “ellos”. Europa frente al Islam. Occidente frente a Asia. La racionalidad frente al misticismo.
La frontera romana —el limes— no desapareció. Se transformó en frontera cultural. Como escribió Mary Beard, “Roma nunca fue solo un lugar: fue una idea. Y sigue siéndolo.”
VII. Culpas diferidas y glorias compartidas
¿Por qué no sentimos vergüenza al hablar de Roma, como sí la sentimos al hablar del nazismo, del esclavismo o del colonialismo? Hay varios motivos:
La distancia temporal: no hay memoria viva del trauma.
La transfiguración estética: todo fue convertido en arte o ruina.
La apropiación eclesiástica: Roma se volvió parte del cristianismo occidental.
La utilidad política: Roma sirve para narrarnos como civilizados.
La disolución del “otro”: los pueblos conquistados ya no reclaman justicia.
En lugar de culpa, sentimos herencia. En lugar de vergüenza, orgullo. Esta es la lógica de la nostalgia estructural: no se trata de recordar lo que fue, sino de reafirmar lo que somos.
VIII. Conclusión: el imperio como espejo
Recordar Roma con cariño no es ingenuo. Es profundamente ideológico. Nos revela más sobre nuestro presente que sobre el pasado. Porque cada vez que decimos “todos venimos de Roma”, lo que estamos diciendo —aunque no lo sepamos— es que queremos un origen común, una justificación, un relato que nos haga sentir parte de algo más grande.
Pero toda nostalgia es también una forma de olvido. Al idealizar Roma, olvidamos su esclavismo, sus genocidios, sus patriarcas violentos. Elegimos ver la toga, no el látigo. El mármol, no la sangre. La gloria, no la dominación.
Y, sin embargo, en ese gesto de selección, también nos revelamos: seguimos buscando imperios que nos den sentido, aunque ya no queden emperadores.
🧬 Anexo: El imperio íntimo
Linaje, herencia simbólica y roles internalizados
“Todos somos la continuación de una historia que comenzó antes de nosotros.”— Mark Wolynn, No empieza contigo
I. Fundamentos psicológicos y neurocognitivos
La construcción del yo no ocurre en el vacío. Desde una perspectiva integradora, nuestras decisiones, emociones y patrones de conducta están profundamente atravesados por los legados familiares y culturales que hemos heredado, muchas veces de forma inconsciente.
a. Transmisión transgeneracional
La psicología sistémica y el psicoanálisis transgeneracional (Anne Ancelin Schützenberger, Didier Dumas, Mark Wolynn) han mostrado que los relatos familiares, los traumas no resueltos y las lealtades invisibles pueden transmitirse de generación en generación, afectando incluso a quienes no vivieron los hechos originales.
b. Internalización de figuras y metacognición
Desde la neurociencia social, sabemos que el cerebro humano desarrolla representaciones internas de figuras significativas a través de un proceso llamado modelado vicario (observacional) y internalización afectiva. Estas figuras (como un abuelo exigente o una abuela protectora) terminan actuando como "scripts" o voces internas, modelando nuestras respuestas emocionales y conductuales.
La metacognición —la capacidad de pensar sobre nuestros propios pensamientos— permite desarmar estos automatismos y reevaluar su origen. En terapia, se busca que el paciente reconozca cuándo está actuando desde un patrón heredado (por ejemplo, repitiendo el sacrificio de la abuela, o temiendo el rechazo como su padre).
c. Epigenética y memoria emocional
Incluso la biología nos da razones para pensar en el linaje como una fuerza activa: estudios en epigenética (Yehuda et al., 2016) han mostrado cómo el estrés traumático puede dejar marcas en la expresión genética de las siguientes generaciones. Lo que vivieron los abuelos puede, literalmente, moldear cómo reacciona nuestro sistema nervioso.
✍️ Ejercicio de escritura: "Mi linaje interior"
Este ejercicio está diseñado para activar un proceso de metacognición simbólica y emocional. Te invito a realizarlo en un lugar tranquilo, con papel y lápiz, sin juzgar lo que surja. Se trata de abrir la puerta a la observación amorosa de lo que vive en vos.
🌀 Parte 1: Visualización inicial (2-3 minutos)
Cerrá los ojos. Respirá. Imaginá que estás en una casa antigua. En el centro hay una gran mesa de madera. Alrededor de esa mesa están tus abuelos, bisabuelos y otros antepasados que no conociste pero que forman parte de tu historia. No todos hablan. Algunos están de pie. Otros te miran en silencio.
Observá:
¿Quiénes están más cerca tuyo?
¿A quién evitás mirar?
¿Qué energía hay en esa reunión?
¿Hay alguna figura que te llama o que te rechaza?
Ahora abrí los ojos y preparate para escribir.
🔍 Parte 2: Escritura guiada
1. Nombres y rostros
¿Cómo se llamaban tus abuelos y bisabuelos?
¿Con cuál de ellos tenés o tuviste una relación más fuerte (positiva o negativa)?
¿Qué imágenes, frases o gestos recordás de ellos?
2. Roles y mandatos
¿Qué tipo de personas eran? ¿Qué valores representaban?
Si tuvieras que ponerles un “rol simbólico”, ¿cuál sería? (Ejemplo: la que se sacrificaba, el que imponía orden, la que callaba, el que desaparecía, la cuidadora…)
¿Qué creencias aprendiste de ellos, aunque nadie las haya dicho en voz alta?
3. Herencia emocional
¿Qué emociones te generaban estas personas cuando eras chico? ¿Y ahora?
¿Hay algún miedo, forma de amar, de enojarte o de vincularte que puedas rastrear hasta ellos?
4. Repeticiones o rebeliones
¿En qué aspectos sentís que los estás repitiendo?
¿Qué partes de tu vida creés que estás viviendo en lugar de ellos o para honrarlos?
¿Qué aspectos decidiste hacer completamente distinto, como un corte con esa historia?
5. Tu lugar en el linaje
Si pudieras definir tu misión simbólica dentro de ese linaje, ¿cuál sería?
¿Qué nueva frase, gesto o acto podrías ofrecerle al linaje para repararlo, honrarlo o liberarte?
💠 Parte 3: Cierre ritual
Elegí una de estas opciones para cerrar el ejercicio:
Escribí una carta a uno de tus ancestros, viva o fallecida, donde le hablás desde el adulto que sos hoy.
Dibujá el mapa emocional de tu linaje: con formas, colores, líneas, sin preocuparte por lo estético.
Elegí un objeto simbólico (una piedra, una foto, una prenda) que te recuerde tu lugar en esa cadena, y colocala en un lugar visible por una semana.
🧭 Reflexión final
Este ejercicio no busca condenar ni glorificar a quienes vinieron antes, sino comprender cómo nos habitan. Somos en parte lo que heredamos, pero también somos lo que elegimos transformar. Cada vez que hacemos consciente un rol que repetimos sin saberlo, abrimos la posibilidad de actuar desde la libertad, no desde el mandato.
Como decía Jung:
“Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el inconsciente dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino.”
🌿 Epílogo: Cuidarte después de mirar hacia adentro
Transicionar del linaje interior al presente encarnado
Explorar el linaje, tocar memorias antiguas o reconocer heridas familiares puede remover más de lo que imaginamos. Aunque haya sido solo un ejercicio de escritura, lo que se moviliza a nivel simbólico y neuroemocional es real.
Por eso, antes de volver al ritmo habitual de tu día, tomate unos minutos para cuidarte.
🕊️ PASO 1: Respiración de regreso
Cerrá los ojos. Llevá una mano al pecho y otra al abdomen. Inhalá suave por la nariz contando hasta 4…Sostené el aire en calma…Y exhalá lentamente por la boca contando hasta 6.
Repetí esto tres veces.Sentí cómo el cuerpo vuelve a ser un refugio habitable.
🪞 PASO 2: Validación emocional
Decite en voz baja, o en tu mente:
“Fue importante mirar esto.”“Todo lo que apareció tiene sentido en mi historia.”“No necesito resolverlo todo hoy.”“Puedo cuidarme mientras sigo comprendiendo.”
🧴 PASO 3: Un gesto físico de amabilidad
Hacé algo concreto para cerrar el ejercicio con ternura:
Lavate las manos con agua templada, conscientemente.
Acariciá tus brazos como si abrigaras a alguien querido.
Sentate junto a una planta, ventana o fuente de luz natural.
Elegí una bebida caliente y tomala lentamente.
🎴 PASO 4: Una acción simbólica para anclar el presente
Elegí uno de estos gestos o inventá el tuyo:
Escribí una palabra o frase que resuma lo que aprendiste hoy y ponela en un papel donde la veas esta semana.
Dibujá una línea en una hoja: del pasado al presente. Marcá tu lugar actual.
Mirá tu reflejo en el espejo y reconocé: “Estoy acá. Estoy creciendo.”
🧘 PASO 5: Volver al cuerpo
Mové los hombros. Estirá el cuello suavemente. Bostezá si sale.Si te ayuda, repetí esta frase en voz baja o interna:
“Mi historia es parte de mí, pero no me define por completo.”“Puedo agradecer lo que recibí, y elegir cómo sigo caminando.”
🌱 Para llevarte
Podés terminar escribiendo:
Una intención para el resto del día.
Una forma de cuidarte esta semana.
Un deseo para las generaciones futuras de tu linaje.

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