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🥂 El brindis como faro: un ejercicio desde el yo futuro para rediseñar tu año

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Jul 7, 2025
  • 4 min read

1. Empecemos por el final



Son las 23:58 del 31 de diciembre.


Estás por brindar. Quizás tenés una copa en la mano, una sonrisa tímida, o un nudo en la garganta. Mirás alrededor. Escuchás risas, tal vez música, el eco de los fuegos artificiales que están por venir. Te encontrás respirando más lento, casi sin darte cuenta. Hay algo distinto este año.


Y no es que todo salió perfecto. De hecho, hubo cosas que dolieron, decisiones difíciles, imprevistos que no figuraban en ningún calendario. Pero aún así, te sentís en paz. Porque fue un año vivido con presencia. Porque cada elección que hiciste, incluso las más torpes, tuvo una raíz honesta. Porque hubo momentos de lucidez, de ternura, de coraje. Y los reconocés.


Desde ahí, desde ese instante de conciencia y gratitud, te propongo este ejercicio. No como una lista de metas vacías, ni como un acto mágico, sino como un anclaje. Una conversación profunda con la parte de vos que ya atravesó el año que querés construir.





2. ✍️ EJERCICIO: “Desde el Yo Futuro, paso a paso”



Vamos a usar la fuerza narrativa del “yo futuro” para activar una visión clara y deseada. Pero lo haremos con una vuelta: en lugar de escribir desde hoy hacia adelante, vamos a escribir desde el 31 de diciembre hacia atrás.



¿Cómo funciona?



Escribí como si ya hubieras vivido todo el año. Como si estuvieras haciendo memoria de lo que pasó. Esto hace que tu cerebro interprete el futuro como una secuencia coherente, alcanzable y emocionalmente significativa.



DICIEMBRE



Cerré el año con calma. Aprendí a no hacer por hacer. Solté compromisos que no nacían del corazón. Cerré ciclos con gratitud, incluso los difíciles. Me animé a descansar, a no correr más.



NOVIEMBRE



Ya no necesitaba forzar nada. Lo que venía fluyendo desde septiembre se consolidó. Me sorprendí al notar que lo que antes me costaba, ahora era natural: dormir mejor, mover el cuerpo, enfocarme.



OCTUBRE



Reorganicé prioridades. Dejé de perseguir ideales que ya no eran míos. Empecé a elegir con el cuerpo, no con el miedo. Y eso cambió todo.



SEPTIEMBRE



Volví a algo que había olvidado que me hacía bien. La música. El bosque. Las charlas largas sin apuro. Y eso trajo una energía nueva.


(Continuá así hasta llegar a ENERO, que empieza así:)



ENERO



La primera mañana del año fue tranquila. No hice grandes promesas. Solo escribí una intención: “hacer espacio para lo que realmente importa”. Ese fue el hilo que tejió todo lo demás.





3. ¿Por qué esto funciona?



No se trata solo de motivación. Esto tiene base científica.

La psicología del yo futuro estudia cómo la conexión emocional con tu “yo de más adelante” influye directamente en tus decisiones presentes. El psicólogo Hal Hershfield, de la UCLA, descubrió que cuanto más real te parece tu yo futuro, más propenso sos a tomar decisiones alineadas con él: desde ahorrar, comer mejor, dormir más, hasta sostener relaciones sanas o terminar un proyecto postergado.


“Cuando las personas sienten que el yo del futuro es un extraño, tienden a tomar decisiones como si su yo futuro no existiera” — Hershfield et al., 2011


Por eso este ejercicio no es un simple juego creativo. Es una intervención psicológica poderosa: acorta la brecha entre lo que querés ser y lo que hacés ahora mismo.


Y si a eso le sumamos el poder de la narrativa escrita, el impacto se multiplica.





4. ¿Por qué escribir hacia atrás?



Porque nuestra mente está estructurada para entender historias con sentido. Y las mejores historias muchas veces se cuentan desde el final.


Cuando escribís hacia atrás:


  • Le das un marco narrativo coherente a tu deseo.

  • Usás el futuro como faro, no como ansiedad.

  • Entrás en contacto con un yo más sabio y compasivo que el que suele hablar en enero lleno de listas imposibles.



Además, este tipo de planificación inversa es común en el diseño de experiencias educativas y procesos creativos: primero se define el resultado deseado, y luego se arma el camino para llegar ahí.


¿Qué querés haber sentido el 31 de diciembre?

¿Qué querés haber aprendido, soltado, reparado, creado?

¿Qué vas a necesitar hacer, dejar de hacer, o recordar, para que eso suceda?





5. ¿Y si no se cumple todo lo que visualicé?



Entonces hiciste el ejercicio bien.


Porque no se trata de adivinar el futuro, sino de construirlo con dirección. Lo que visualizás no es un contrato, es una promesa emocional. Una forma de posicionarte como protagonista en vez de espectador de lo que venga.


Tu yo del futuro no es un oráculo. Es una brújula. Y aunque el mapa cambie, la dirección sigue siendo válida.





6. Tu plan en presente



Después de escribir tu año “en pasado”, hacé esta segunda parte en presente:


Para que eso suceda, hoy necesito:


  • Sostener los siguientes hábitos:

  • Crear estos entornos o estructuras:

  • Alimentar estas relaciones:

  • Recordar esta visión:

  • Y cuando me cueste, voy a recordarme que: ____



Imprimilo. Guardalo. Leelo cada cambio de mes. No como quien revisa una lista, sino como quien recuerda una historia que ya escribió con amor.





7. El brindis no es el final. Es el faro.



No esperes a fin de año para hacer este ejercicio. Hacelo ahora. Hacelo en mayo, en julio, en septiembre. Hacelo cada vez que sientas que estás perdiendo el eje.


Porque el futuro no es algo que llega.

Es algo que vamos recordando de a poco, mientras lo vamos creando.




Dejame tu mail o escribime por privado. También podés compartir este artículo con alguien que esté buscando una brújula y no una meta.




 
 
 

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© 2025 by Marcelo Gallo de Urioste, Licenciado en Psicología. 

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