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Big Hero 6, William Worden y el duelo que se transforma (o se congela) Reubicar al fallecido: continuidad amorosa, obsesión traumática y ética del cuidado

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Jan 10
  • 7 min read

I




Reubicar al fallecido: continuidad amorosa, obsesión traumática y ética del cuidado



Revista Coco


Hay películas que se presentan como entretenimiento y, sin avisar, funcionan como mapas emocionales. Big Hero 6 (2014) es una de ellas. Debajo de la aventura tecnológica y del humor amable, la historia propone una exploración sorprendentemente precisa del duelo: qué pasa cuando alguien muere, qué hace el cuerpo con esa ausencia y qué caminos psíquicos se abren después.


Leída desde el modelo de William Worden —psicólogo clínico y uno de los principales teóricos contemporáneos del proceso de duelo— la película deja de ser solo una narrativa heroica y se vuelve una representación casi didáctica de las tareas del duelo, especialmente de la más difícil y menos comprendida: “reubicar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo”.


No se trata de olvidar.

No se trata de soltar como si el vínculo hubiera sido un error.

Se trata de transformar la relación interna con quien murió para que la vida pueda seguir sin quedar atrapada en la pérdida.


Y en ese recorrido, Big Hero 6 nos ofrece dos figuras contrapuestas: Hiro, como ejemplo de un duelo que, con dificultad, logra integrarse; y Callaghan (Cana Han), como encarnación del duelo que no logra reubicarse y se transforma en obsesión traumática.





1. Aceptar la realidad de la pérdida: cuando el mundo se vuelve irreal



La muerte de Tadashi no es simbólica ni ambigua. Es abrupta, injusta y definitiva. No hay tiempo para despedidas, rituales o elaboración progresiva. El hermano mayor muere en un accidente que no tiene sentido narrativo. No hay “para qué”. Solo hay ausencia.


Worden es directo:


“La primera tarea del duelo es aceptar la realidad de la pérdida: que la persona está muerta y no va a volver.”

(Grief Counseling and Grief Therapy, 2009)


Hiro lo sabe a nivel cognitivo, pero no a nivel emocional. La casa se vuelve muda. La universidad pierde sentido. La robótica —que era un proyecto compartido— queda suspendida. El cuerpo sigue funcionando, pero la vida se experimenta como irreal.


La escena donde Hiro deambula solo por la ciudad con auriculares es un retrato clínico de esta fase: no hay llanto dramático ni catarsis. Hay anestesia afectiva, retraimiento, desconexión. El mundo sigue, pero ya no lo incluye.


Aceptar no es comprender.

Aceptar es dejar que el hecho tenga consecuencias internas.

Y eso todavía no sucede.





2. Procesar el dolor: cuando la emoción necesita circular



Worden advierte que el duelo no elaborado no desaparece; se desplaza:


“No completar el trabajo emocional del duelo suele producir síntomas: depresión, ansiedad, somatizaciones o conductas de evitación.”


Hiro evita. Se aísla. Abandona el proyecto que compartía con su hermano. Renuncia a la robótica. No porque no le importe, sino porque acercarse duele.


El dolor está, pero no circula. Y cuando el dolor no circula, se congela.


Aquí aparece Baymax.


Baymax no es solo un robot. Es una externalización del vínculo con Tadashi: fue creado por él, encarna su ética de cuidado, su forma de relacionarse con el mundo. Baymax es presencia sin cuerpo. Es memoria activa. Es una continuidad simbólica.


La escena en la que Baymax proyecta el video de Tadashi diciendo:


“I’m proud of you, Hiro. You’re going to be amazing.”


no es sentimentalismo: es un dispositivo de activación emocional. Ahí el dolor empieza a sentirse. Y, como plantea Worden, no se puede sanar lo que no se permite doler.


Baymax funciona como mediador entre el trauma y la experiencia emocional. No reemplaza al hermano. Permite que el vínculo no quede como herida abierta.





3. Adaptarse a un mundo sin el fallecido: identidad, roles y continuidad



La tercera tarea del duelo, según Worden, implica adaptarse a un mundo donde la persona ya no está. No solo externamente (rutinas, funciones, roles), sino internamente: quién soy ahora que el otro no está.


“El duelo implica aprender a desempeñar roles y funciones que antes pertenecían a la persona fallecida, así como redefinir el propio sentido del yo.”


Hiro ya no es “el hermano menor del genio protector”. Ya no hay alguien que lo cuide desde afuera. Tiene que convertirse en sujeto autónomo. Por eso la construcción del equipo, el diseño de los trajes, la misión compartida y la creatividad colectiva funcionan como dispositivos de reintegración vital.


Pero el duelo no es lineal.


Cuando Hiro descubre que Callaghan está vivo y que el incendio no fue un accidente, el dolor se mezcla con rabia. Aparece la tentación de la venganza. Aparece el impulso de convertir la pérdida en arma.


Desde una lectura clínica, esto es central: el dolor no elaborado busca una salida conductual.


La escena en la que Hiro modifica a Baymax para volverlo letal es el punto más claro de esta dinámica: el trauma intentando transformarse en acción destructiva. El duelo se desplaza a la agresión.


No es sadismo.

Es desesperación.





4. Reubicar emocionalmente al fallecido: continuidad sin parálisis



La cuarta tarea es la más sutil y la más malentendida.


Worden no habla de “desapego” ni de “superación” en términos de borramiento. Habla de reubicación emocional:


“La tarea no es desvincularse del fallecido, sino encontrar un lugar emocional para él que permita seguir viviendo.”


Tadashi no desaparece del mundo interno de Hiro. Se transforma en brújula ética. En principio organizador. En orientación vital.


El momento culminante llega cuando Baymax se sacrifica para salvar a Abigail y a Hiro. Baymax —la encarnación del legado de Tadashi— deja de existir físicamente, pero no simbólicamente. Hiro no intenta reconstruirlo tal como era. Conserva el chip del cuidado. Guarda la esencia.


Eso es reubicar.


No es: “ya no me importa”.

Es: “te llevo conmigo de otra manera”.


Worden lo formula con precisión:


“El objetivo del duelo no es cortar el vínculo, sino transformarlo para que la vida pueda continuar.”





El duelo como ética: no vivir para el muerto, sino desde él



Uno de los aportes más potentes de Big Hero 6 es que no romantiza el sufrimiento ni lo convierte en “superpoder”. No hace de la pérdida una excusa heroica. La convierte en dirección vital.


Hiro no se vuelve héroe para vengar a Tadashi.

Se vuelve héroe porque continúa su función simbólica: cuidar a otros.


Worden lo expresa así:


“Cuando el duelo se integra de forma saludable, la persona puede reinvertir emocionalmente en la vida sin perder el vínculo interno con quien murió.”


No hay traición en seguir viviendo.

Hay fidelidad profunda.





Baymax como objeto transicional del duelo



Desde una lectura más psicodinámica, Baymax funciona como objeto transicional: un puente entre el apego perdido y la capacidad de seguir vinculándose. No reemplaza al hermano. Permite que el vínculo no quede fijado en la ausencia.


En clínica esto es cotidiano:

una canción, una prenda, una frase heredada, un gesto, una forma de cuidar.

No son reliquias. Son estructuras de continuidad.





Callaghan (Cana Han): cuando el duelo no se reubica y se convierte en obsesión



Si Hiro encarna un duelo que, con dificultad, logra transformarse, Callaghan representa el otro camino posible: el duelo que queda fijado al objeto perdido.


La desaparición (vivida como muerte) de su hija Abigail no se integra. No se simboliza. No encuentra un nuevo lugar psíquico. En términos de Worden, la cuarta tarea —reubicar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo— no se completa.


Worden advierte explícitamente este riesgo:


“Cuando la persona en duelo no logra encontrar un nuevo lugar emocional para el fallecido, el apego puede quedar congelado y derivar en duelo complicado, con pensamientos intrusivos, rumiación, ira persistente o conductas de búsqueda compulsiva.”


Eso es exactamente lo que vemos en Callaghan:

no hay elaboración, hay búsqueda obsesiva.


Toda su identidad queda reducida a un único objetivo: encontrar a su hija, reparar la pérdida, revertir el tiempo. No hay mundo sin ella. No hay reinversión vital. No hay continuidad.





De la pérdida a la ansiedad: amor sin transformación



A diferencia de Hiro, que permite que el dolor se exprese y se reordene, Callaghan queda atrapado en lo que podríamos llamar una ansiedad de restitución: la necesidad desesperada de que lo perdido vuelva a existir exactamente como era.


En clínica, esto suele aparecer como:


  • rumiación constante

  • búsqueda compulsiva de explicaciones o culpables

  • incapacidad para investir nuevos vínculos

  • fijación en el momento del trauma



No es falta de amor.

Es amor sin transformación.


Worden lo expresa con sobriedad:


“El problema no es la intensidad del apego, sino la imposibilidad de modificar la relación interna con el fallecido.”


Callaghan no puede modificar ese vínculo. Por eso el dolor no se convierte en sentido: se convierte en motor de destrucción.





La venganza como síntoma del duelo no elaborado



Cuando Hiro descubre la verdad, hay un punto en el que ambos personajes se reflejan. Hiro también quiere vengarse. También quiere hacer de la pérdida un arma. Pero Baymax —como herencia ética de Tadashi— funciona como regulador.


Callaghan, en cambio, no tiene un objeto transicional saludable. No hay un Baymax que traduzca el amor en cuidado. Hay tecnología al servicio de la fijación.


Desde una lectura clínica, su conducta no es “malvada” en sentido moral: es traumática. El sistema emocional queda anclado al evento de pérdida y organiza toda la conducta alrededor de él.





Dos duelos, dos destinos


Hiro

Callaghan

Permite sentir el dolor

Evita transformarlo

Reubica a su hermano en una función simbólica (cuidado)

Mantiene a su hija en una presencia literal, irrecuperable

El vínculo se vuelve ética

El vínculo se vuelve obsesión

El duelo produce continuidad

El duelo produce destrucción

Ambos aman.

Pero solo uno logra transformar ese amor.





Cuando el duelo no encuentra lugar, ocupa todo



El contraste entre Hiro y Callaghan muestra algo clínicamente muy fino:

el duelo no integrado no se queda quieto. Invade.


Invade la identidad.

Invade la moral.

Invade la relación con los otros.


Worden lo resume con una frase que podría leerse como la tesis invisible de la película:


“Cuando la pérdida no puede ser integrada, la persona queda psicológicamente detenida en el momento de la muerte.”


Callaghan no vive después de su hija.

Vive en su pérdida.





Cierre – Reubicar no es olvidar



Big Hero 6 no opone “amor” a “desapego”.

Opone amor transformado a amor congelado.


Hiro no deja atrás a Tadashi: lo vuelve brújula.

Callaghan no puede dejar atrás a su hija: queda atrapado en su ausencia.


No se trata de olvidar.

Se trata de hacerle un lugar a quien murió dentro de una vida que sigue.


Porque cuando el amor no se reubica,

no desaparece: se vuelve herida.


Y cuando logra transformarse,

no se diluye: se vuelve ética, cuidado y dirección.






 
 
 

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