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đź§  El enemigo interior: sesgos, propaganda y la guerra tribal entre hermanos

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Jun 13, 2025
  • 4 min read

“¡No es un enemigo, es tu hermano!”


“Un pueblo que se mata a sí mismo no necesita enemigos.”


“Aquí no hay buenos ni malos. Solo padres que lloran a sus hijos.”


Estas frases surgen del dolor de guerras fratricidas, como la Guerra Civil Española, pero resuenan cada vez que un pueblo se divide. En las calles, en redes sociales, en urnas, en relatos colectivos. Hoy no solo recordamos estos conflictos. Los estamos reviviendo.



I. Una biologĂ­a tribal al mando



Nuestro sistema nervioso no fue diseñado para la deliberación pacífica sino para la supervivencia. Ante una amenaza (real o simbólica), se activa la amígdala cerebral, inhibiendo el razonamiento complejo (Phelps, 2006). El cuerpo entra en “modo lucha”, y con él, la mente:


  • Pensamiento binario: amigo o enemigo.

  • Sesgo de confirmaciĂłn: solo vemos lo que confirma nuestras creencias.

  • DeshumanizaciĂłn: el otro deja de ser persona, se vuelve sĂ­mbolo.



Estudios con fMRI muestran que, al ver rostros de personas racializadas negativamente, se activa primero la amígdala y solo más tarde las regiones prefrontales que permiten el control cognitivo y la empatía (Lieberman et al., 2005). Es decir: primero reaccionamos, luego justificamos.




🧠 fMRI y la neurociencia de los prejuicios automáticos



Estudios de neuroimagen (fMRI) han mostrado que la evaluación emocional de “nosotros” y “ellos” ocurre antes que cualquier análisis racional.


  • Lieberman et al. (2005) demostraron que el procesamiento emocional de la amĂ­gdala ante rostros de otras razas precede a la activaciĂłn del cĂłrtex prefrontal racional. Es decir: primero sentimos rechazo, luego buscamos justificaciones.

  • Tomasello y colegas han mostrado que incluso niños pequeños tienen respuestas empáticas más intensas hacia los miembros de su grupo percibido. Esta tribalizaciĂłn espontánea está enraizada en nuestra historia evolutiva.



La racionalidad no elimina estos sesgos. Solo permite, a veces, observarlos y moderarlos. Pero jamás anularlos del todo.


“Los prejuicios no son errores que podamos eliminar; son atajos de la mente que se sienten correctos cuando el cuerpo se siente en peligro.”

— Adaptado de Kahneman, Thinking, Fast and Slow (2011)



II. De la emociĂłn al enemigo: la propaganda como pegamento tribal



Los líderes que buscan sostener el poder no necesitan mentir con elegancia: solo deben activar sesgos automáticos y darles forma emocional.


Ejemplos histĂłricos:


  • Rwanda (1994): la radio Hutu RTLM llamĂł a los tutsis “cucarachas”. Estudios (Thompson, 2007) mostraron que la exposiciĂłn correlacionĂł con la participaciĂłn en el genocidio.

  • Nazismo: Goebbels usĂł caricaturas y metáforas animales para presentar a los judĂ­os como parásitos. Las emociones negativas suprimen la capacidad empática (Zillmann, 2000).

  • Yugoslavia (1992–95): la televisiĂłn serbia reescribiĂł la historia para transformar vecinos en monstruos. Slavenka Drakulić advirtiĂł: “la guerra no comenzĂł con armas, sino con metáforas”.



La propaganda funciona porque usa palabras para alinear acciones colectivas, como señala Lakoff: el lenguaje activa marcos mentales que predisponen a ciertas conductas (Don’t Think of an Elephant, 2004).





III. La presiĂłn del grupo: nadie odia solo



Experimentos como el de Solomon Asch (1951) demostraron que la presiĂłn grupal puede hacernos mentir. En conflictos tribales, el costo de disentir no es solo cognitivo, sino emocional y social:


  • PodĂ©s ser acusado de traidor.

  • PodĂ©s perder vĂ­nculos.

  • PodĂ©s quedar aislado, sin pertenencia.



La obediencia emocional precede a la reflexiĂłn. Incluso quienes no odian se suman al relato dominante por necesidad de pertenecer (Cialdini, Influence, 1984).



IV. Guerras fratricidas: espejos de la misma mente



Ejemplos de guerras entre hermanos:


  • Guerra de SecesiĂłn en EE.UU.

  • Guerra Civil Española

  • Corea del Norte y del Sur

  • Palestina e Israel

  • Rusia contra Ucrania

  • Las guerras peronismo vs. antiperonismo en Argentina



Estos conflictos, aunque ideológicamente distintos, comparten la estructura tribal básica:


  • Un “nosotros” emocionalmente definido.

  • Un enemigo simbĂłlicamente degradado.

  • Una narrativa que justifica la violencia.



“La gente actúa y luego construye una justificación racional posterior a la decisión emocional.”

— Haidt, The Righteous Mind (2012)



V. Izquierda y derecha: espejos opuestos del tribalismo



Ninguna ideología está libre del impulso a la deshumanización:


  • Extrema derecha: vincula inmigrantes con plaga, crimen o degeneraciĂłn moral. Ejemplo: Viktor Orbán en HungrĂ­a; discursos de Trump en EE.UU.

  • Extrema izquierda: identifica al adversario como “opresor”, “parásito burguĂ©s” o “fascista” aunque no lo sea. Ejemplo: RevoluciĂłn Cultural en China; escraches y linchamientos mediáticos sin prueba.



Ambos extremos usan el mismo mecanismo: construir un otro simbĂłlico al que se le niega complejidad humana.



VI. Conquista, dominaciĂłn y sesgos animales



La deshumanizaciĂłn no es solo cultural. Tiene raĂ­ces biolĂłgicas y evolutivas.


  • Hormigas esclavistas (gĂ©nero Polyergus): invaden otras colonias, matan a la reina y usan a los obreros como fuerza de trabajo.

  • ChimpancĂ©s (Goodall, 1990): documentaron patrullas que atacan grupos vecinos, matando y expandiendo territorio.

  • Delfines machos: forman alianzas para separar hembras de otros grupos.



Estos paralelismos no justifican la violencia humana, pero muestran que el tribalismo es más antiguo que la civilización. La cultura puede refrenar o amplificar estos impulsos.



VII. Las palabras que guerrean



Las palabras no describen: organizan conducta. Cuando decimos “parásito”, “cucaracha”, “zurdo”, “fascista”, “cómplice”, estamos facilitando acciones que pueden ir desde la indiferencia hasta el exterminio simbólico o físico.


Esto ocurre en redes sociales:


  • Comentarios con lenguaje violento generan mayor engagement.

  • El algoritmo premia la emocionalidad, no la racionalidad.




VIII. CĂłmo desactivar la guerra interior



Salir de esta lĂłgica exige un acto doble: corporal y narrativo.


  • Identificar cuándo estamos en “modo amenaza”.

  • Reconocer el impulso automático a defender la identidad grupal.

  • Escuchar versiones incĂłmodas sin rendirnos a ellas.

  • Ver al otro como alguien que tambiĂ©n tiene sesgos, miedos, y humanidad.



“No hay buenos ni malos. Solo padres que lloran a sus hijos.”

— Anónimo, Gaza



IX. ConclusiĂłn: desobedecer al odio



Desobedecer el relato que nos empuja a odiar no es debilidad. Es una forma superior de valentĂ­a. Implica sostener la tensiĂłn entre identidad y humanidad. Entre justicia y empatĂ­a. Entre dolor y responsabilidad.


No vamos a librarnos de los prejuicios. Pero podemos aprender a verlos. A nombrarlos. A decidir más allá de ellos.





📚 Referencias seleccionadas



  • Asch, S. (1951). Effects of group pressure upon the modification and distortion of judgments.

  • Cialdini, R. (1984). Influence: The Psychology of Persuasion.

  • Eagleman, D. (2015). The Brain: The Story of You.

  • Goodall, J. (1990). Through a Window: My Thirty Years with the Chimpanzees.

  • Haidt, J. (2012). The Righteous Mind.

  • Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow.

  • Lakoff, G. (2004). Don’t Think of an Elephant!

  • Lieberman, M.D. et al. (2005). An fMRI investigation of race-related amygdala activity.

  • Phelps, E.A. (2006). Emotion and cognition: insights from studies of the human amygdala.

  • Slavenka Drakulić (2004). They Would Never Hurt a Fly.

  • Thompson, A. (2007). The Media and the Rwanda Genocide.

  • Zillmann, D. (2000). The Psychology of the Appeal of Media Violence.




 
 
 

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