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Biofilia

  • Writer: Marcelo Gallo
    Marcelo Gallo
  • Jun 13
  • 2 min read

La cercanía del agua produce algo parecido: existe una atracción bastante consistente hacia ella, aunque por motivos algo diferentes a los de la luz.


La hipótesis de la “biofilia”


El biólogo Edward O. Wilson propuso que los seres humanos tenemos una tendencia innata a sentirnos atraídos por ciertos elementos naturales que favorecieron la supervivencia. El agua es uno de los más importantes.

Para nuestros antepasados, la presencia de agua significaba:

  • Posibilidad de beber.

  • Vegetación.

  • Animales para cazar.

  • Suelos fértiles.

  • Transporte.

En cierto sentido, un paisaje con agua era una señal de que la vida podía sostenerse allí.


Efectos psicológicos


ENumerosos estudios encuentran que las personas suelen:

  • Valorar más las viviendas cerca de ríos, lagos o el mar.

  • Reportar mayor bienestar cerca de cuerpos de agua.

  • Recuperarse mejor del estrés observando agua que observando muchos entornos urbanos.

Algunos investigadores llaman a esto “blue space” (espacios azules), en paralelo a los “green spaces” (espacios verdes).


El agua como estímulo perceptivo ideal


Hay algo fascinante en el movimiento del agua:

  • Nunca es exactamente igual.

  • Nunca es completamente impredecible.

Las olas, una cascada o un arroyo generan patrones complejos pero comprensibles. El cerebro puede seguir prestándoles atención sin saturarse.

Es una característica que comparte con:

  • El fuego.

  • Las nubes.

  • Las hojas movidas por el viento.


Algunos científicos llaman a esto “fascinación suave” (soft fascination): capta la atención sin exigir esfuerzo cognitivo intenso.



Luz y agua juntas


Es interesante que muchos de los paisajes que más atraen a los seres humanos combinan ambas cosas:

  • Un lago al atardecer.

  • El mar reflejando el sol.

  • Una ciudad iluminada junto a un río.

  • Una fogata en la playa.


La luz aporta información y orientación; el agua aporta vida y continuidad. Evolutivamente, ambas son señales muy poderosas de que estamos en un lugar favorable para vivir.


Por eso no sorprende que, cuando alguien se muda o busca una casa, una de las fantasías más recurrentes sea precisamente una vista al agua y buena luz natural. Son dos de los indicadores ambientales más antiguos y profundos de bienestar para nuestra especie.

 
 
 

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